martes, 20 de diciembre de 2011

Aire libre...

Lo conocí un día lluvioso, muy lluvioso. La madre quería otra opción para atender sus permanentes síntomas respiratorios. Ojos grandes, oscuros y profundos, enmarcados por unas  largas y onduladas pestañas negras. Cuatro años viviendo en el planeta, dos de ellos transcurridos  en consultas de urgencia, medicamentos para tomar y otros más para inhalar. Sus pulmones no paran de hablar lenguajes de moco, espasmos, anhelos de aire que no llega con libertad. La tos se convirtió en su compañera de juegos y sueños nocturnos, la nariz ya no recuerda que es estar despejada. Jugar con la arena ya en la playa, ya en el jardín infantil es un imposible, el polvo no es tolerado, ni la harina en la cocina.  Hace poco llego a su hogar un nuevo y muy pequeño miembro y la familia no le permite acercarse para que no vaya a enfermar al bebé. Desde entonces los síntomas no dan tregua y ningún medicamento parece funcionar. Su temperamento cambió y ya no encuentran sus padres la forma de contenerlo. Los enfrenta y no muestra temor. Los golpes paternos buscando disciplinar se volvieron habituales y de sus ojos no brota ni una lágrima. Pide que regalen al nuevo niño de la casa, que no quiere que esté allí.
Nos acercamos, lo saludo y lo invito a seguir. Se nota aprehensión y temor en su forma de mirar y de moverse. Mira hacia todos los lados y se asegura de estar bien lejos de la camilla. Escudriña a su alrededor y me mira intrigado. Le digo que la mami me va a contar él como está para ver yo, como le puedo ayudar. Interrumpe frecuentemente el relato que la madre empieza y eso la impacienta  exigiéndole guardar silencio y estarse quieto en la silla. Algo imposible para un cuerpecito y una mente de 4 años.
Quiero un juguete, me dice. Le presto un carrito para jugar y entonces transforma mi escritorio en su pista. Otro nuevo regaño y amonestación para no molestar con sus juegos. Abandona el carro y va a la camilla, quiere subirse a ella y luego bajarse. Coge la jeringa que uso para la Terapia Neural y pregunta: ¿que es?. La madre esta cada vez más tensa y lo coge de la mano, lo sienta de  nuevo en su lugar y le dice que se quede callado, que si no le da pena conmigo. Él me mira y dice: no. Ella le dice que tiene que obedecer, él la mira  a ella y le dice: no.
Intervengo, lo invito a abrir la puerta y pasear por la casa y que cuando la mami me termine de contar vamos al área de terapia y le explico cada cosa que es y como se usa. Le suena el trato porque sale tranquilo y cuando lo llamo para examinarlo regresa serenamente. Teme acostarse y encontramos la forma de hacer lo que debo sin que él se asuste. Le presto el fonendoscopio y se queda absorto escuchando los sonidos de su corazón.
Aprovecho y le digo a la madre que siento que su hermoso hijo necesita "aire libre" para respirar. Libre de tantos "noes", libre de golpes, gritos y regaños. Un aire en el que pueda respirar  libertad para preguntar, para explorar, para experimentar, para expresarse.
La invito a jugar más y a regañar menos, a dar más cariño y menos restricción. Le hago notar como cuando lo escuché, respondí sus preguntas y lo acompañé a hacer lo que me pedía,  de estar retraído y asustado, pasó a abrirse, a colaborar con la consulta animado y tranquilo.
Creo que en ocasiones, más de las que me gustaría en realidad, los adultos dejamos de ver a los niños y solo pensamos en lo que se supone que deberían hacer y lo que no y entonces los asfixiamos, los acorralamos y finalmente los partimos como a una ramita verde y tierna que está creciendo a su ritmo y a su propio paso sin saber nada de lo que está bien o no.
Soltarnos mas seguido el pelo, reír a carcajadas, tirarnos al suelo para jugar y sencillamente dejarnos guiar por esos seres luminosos y poderosos que son los niños, es algo que nos vendría a todos muy bien como antídoto para la rigidez y el anquilosamiento.
Los niños que me han visitado y me han permitido acercarme a ellos, eso me han dejado como regalo y cuando puedo ayudar a sus padres a verlos más y a adoctrinarlos menos, la enfermedad deja de ser la protagonista de la historia.

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