Llega un momento como éste en el que dudo de todo en lo que he creído hasta ahora. He recorrido ya 19 años y 6 meses de caminos alternativos en Medicina. Muchas personas me han permitido acompañarlas en sus procesos de salud y enfermedad, niños que ahora son adultos, mujeres que ahora son madres, parejas que se formaron, otras que se dijeron adiós, hijos e hijas que parten a forjar destino, rostros que no volveré a ver y abrazos que no volveré a sentir pues la muerte ha invitado al viaje último a algunos de ellos.
Los primeros años busqué con desespero y con mucho sufrimiento, la dieta ideal, la terapia perfecta que los librara y a mi del deterioro del cuerpo y la mente. Fuí estricta, mucho, con ellos y conmigo. Días enteros sin comer mas que un tipo de fruta, limpiezas intestinales y purgas para el hígado, agujas diminutas en canales de energía heredados de Oriente, gotas o glóbulos de lactosa transportando juiciosos códigos de información homeopatica, estímulos cerebrales con ondas particulares, minerales y vitaminas corriendo por la sangre...en fin, muchos intentos, muchos sueños y esfuerzos de ellos y ellas y también míos. El balance a hoy es que siento que como escribió alguna vez la Madre Teresa de Calcuta, la vida es un deber que debo cumplir. Por eso cada día, ya sin certezas, recorro la distancia de mi casa al consultorio y espero a cada paciente con la firme intención de ayudarle y así cumplir mi papel en este enorme drama universal. Ya no busco la dieta ideal o la terapia perfecta. Me he enamorado de la aguja de Terapia Neural que transporta a la Procaína para que viaje por nuestro sistema nervioso. Ella me acompaña en tanto escucho, en tanto palpo y siento cada parte del cuerpo que se expresa, que cuenta la historia de ese ser que lucha, que sigue, que lo intenta, que trata de escuchar lo que su enfermedad tiene para contarle. Y aunque cada vez dudo más de lo que he aprendido, de lo que leo, de lo que pienso y creo cierto, me queda un lugarcito en mi interior donde habita la esperanza.
Si, esperanza de que todo sucede por una razón, de que las cosas están bien así como están y de que estoy inmersa en un perfecto Orden que mi cerebro, educado para pensar linealmente, no alcanza a entender. Entonces, aunque Lucero no sepa y no entienda, continúo al lado del paciente, estando allí y siendo parte, como solía decir el Dr. Payán, propietario del dedo que me señaló el camino de la Terapia Neural.
Si, esperanza de que todo sucede por una razón, de que las cosas están bien así como están y de que estoy inmersa en un perfecto Orden que mi cerebro, educado para pensar linealmente, no alcanza a entender. Entonces, aunque Lucero no sepa y no entienda, continúo al lado del paciente, estando allí y siendo parte, como solía decir el Dr. Payán, propietario del dedo que me señaló el camino de la Terapia Neural.
No hay comentarios:
Publicar un comentario