Llegó hoy a la consulta desesperada por una sensación de contracción permanente en su cuello y hombros que se acompaña con frecuencia, más de la que ella desearía, por un calor que recorre sus músculos y parece quemarla.
Buscamos juntas en el pasado: caídas, golpes, heridas, algo que nos diera una luz acerca de la tensión expresada.
Al preguntar con interés de saber y al dar espacio para responder, llegan los recuerdos, las asociaciones, yo siento que la sabiduría que todos y todas llevamos dentro se pone de pie y nos cuenta de lo que sabe. Fue así mientras hablamos o para ser más precisa, mientras yo escuchaba, que ella sintió la necesidad de hablar de dos eventos difíciles vividos en el transcurso de 15 días. El primero se trataba del encuentro con dos varones jóvenes que se desplazaban en una motocicleta y arrebataron de su hombro un bolso que contenía el dinero de un préstamo que su hija había hecho para iniciar un negocio familiar. Hubo forcejeo por la angustia de no dejarse quitar el dinero que su hija igual tendría que pagar sin usarlo y en este caso sin tan siquiera verlo. El bolso le es arrancado y la inercia la lleva hacia atrás cayendo al pavimento y recibiendo un fuerte golpe en su cabeza. Miedo, angustia, rabia, impotencia, vergüenza, sensaciones varias se mezclaron afectando su estado general. Después de varios de días de llanto y temor de salir a la calle, fue superando el hecho y retornó a su vida cotidiana.
A los pocos días una hermana que tiene un negocio particular de venta de mercancía le pide la acompañe a la ciudad de Bogotá para comprar lo que planea vender en la época decembrina.
Van juntas al terminal de transportes de la ciudad y compran sus pasajes para el bus que sale en la noche para así poder dormir durante el viaje y llegar en la mañana a recorrer el comercio buscando lo que planeaban.
Dos horas después de salir de la terminal, tres jóvenes empiezan a fumar lo que a ella le pareció marihuana y el conductor les pide el favor de abstenerse. A los pocos minutos se levantan de sus lugares y con arma en mano obligan a los pasajeros del bus que iba con cupo lleno, a entregar sus pertenencias. Ella con disimulo saca la contraseña de su documento de identidad, su teléfono celular y parte del dinero que llevaba, escondiéndolos bajo sus muslos. Su hermana queda paralizada y entrega su bolso con todo el dinero que pensaba invertir en la mercancía.
Gritos, llanto, agresividad y miedo se respiran en el corredor del bus hasta que los asaltantes deciden abandonarlo y se quedan en algún lugar de la oscura carretera. Ellas llegan a Bogotá a la mañana siguiente, sin ropa, con poco dinero y con una gran sensación de vulnerabilidad.
Desde entonces no está bien, no ha podido dejar de sentir miedo, cada motocicleta que escucha la sobresalta sintiendo que va a ser atacada y le cuesta mucho trabajo salir sin compañía a transitar las calles.
Al terminar el relato quedaban flotando en el aire del consultorio dos posibilidades: la primera consistía en lamentarnos de la inseguridad de nuestro país y de lo desvalidos que nos encontramos los ciudadanos comunes y la segunda elevarnos por encima de lo común, de lo que es habitual pensar y más bien creer que hay un orden que mantiene al Universo y que siempre hay un propósito.
Al mencionar la segunda posibilidad, el rostro de la paciente salió del desespero y el llanto en el que se había sumido al recordar lo sucedido, levantó la mirada y creí ver un destello de esperanza en esos ojos.
Hablamos de ver las mismas cosas pero desde un ángulo diferente, por ejemplo, tratar por un instante de ponernos en los zapatos de los asaltantes e imaginarnos como habrá sido su niñez, si alguien los habrá amado, que opciones tuvieron de elegir caminos diferentes, como será su vida en general. Y al hacer el ejercicio descubrir que son humanos como ella y como yo y que de pronto -¿porqué no?- se citaron con ella para poder recibir una oración que lleve luz a sus corazones y poder tomar otras decisiones.
Ella se fue calmando cada vez mas y su mirada de miedo se disipó.
El 7 de Diciembre en la ciudad en la que vivimos, se celebra el alumbrado para la virgen, se prenden velitas y se ponen faroles en los andenes, antejardines, ventanas y umbrales en casi todas las casas.
Entonces, hicimos un acuerdo, mañana 7 de Diciembre ella y yo vamos a prender 5 velitas ( una por cada uno de los jóvenes que la robaron) y a desear que el amor y la luz inunden esos 5 corazones humanos.
Terminó la consulta, un abrazo le dio punto final al encuentro y una mujer salió con una sonrisa y una esperanza, a recorrer sola las calles de nuestra hermosa ciudad.
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